La carta antes del altar

La iglesia estaba llena.

Familiares.

Amigos.

Flores blancas.

Música suave.

Todo estaba preparado para la boda de Marcos y Elena.

Después de cuatro años juntos, finalmente iban a casarse.

Marcos esperaba frente al altar sonriendo nerviosamente.

Miró el reloj.

Faltaban segundos.

Las puertas de la iglesia se abrirían en cualquier momento.

Pero algo no estaba bien.

Elena no respondía las llamadas.

Ni los mensajes.

Su madre tampoco sabía dónde estaba.

Aun así, todos pensaron que eran nervios de última hora.

Entonces las puertas se abrieron.

La música comenzó a sonar.

Los invitados se pusieron de pie.

Pero nadie estaba preparado para lo que vio.

No era Elena.

Era una niña.

De unos ocho años.

Vestido sencillo.

Cabello oscuro.

Lágrimas en los ojos.

Toda la iglesia quedó en silencio.

La niña caminó lentamente por el pasillo central.

Hasta detenerse frente a Marcos.

Le entregó un sobre.

Las manos le temblaban.

—Mi mamá me pidió que te diera esto antes de casarte.

Marcos frunció el ceño.

—¿Quién es tu mamá?

La niña bajó la mirada.

—Elena.

El corazón de Marcos se detuvo.

Abrió rápidamente el sobre.

Dentro había una carta.

Y una fotografía.

La fotografía mostraba a Elena abrazando a la niña.

Detrás estaba escrito:

“Perdóname por esperar tanto para decirte la verdad.”

Marcos sintió un escalofrío.

Comenzó a leer.

“Si estás leyendo esto, significa que no tuve el valor de decírtelo cara a cara.”

Las manos comenzaron a temblarle.

“Hace ocho años quedé embarazada.”

El aire desapareció.

“Y la niña que tienes delante es nuestra hija.”

La iglesia entera quedó en silencio.

Marcos levantó la mirada hacia la niña.

Ella estaba llorando.

—Eso es imposible…

La niña sacó algo de su bolsillo.

Una pulsera vieja.

Marcos palideció inmediatamente.

Reconoció la pulsera.

La había regalado a Elena años atrás.

La noche en que se conocieron.

La noche que siempre creyó que había sido una aventura sin consecuencias.

Volvió a leer la carta.

“Quise decírtelo muchas veces.”

“Pero cada vez tenía miedo de perderte.”

“Y después tuve miedo de que me odiaras.”

Marcos sentía que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Dónde está Elena?

La niña comenzó a llorar más fuerte.

Y entregó otro papel.

Era un informe médico.

Marcos lo abrió.

Y dejó de respirar.

Diagnóstico.

Cáncer avanzado.

Última etapa.

La fecha era de tres meses atrás.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

Volvió desesperadamente a la carta.

“Cuando leas esto, probablemente estaré en el hospital.”

“No sé cuánto tiempo me queda.”

“Pero no quería irme sin que conocieras a tu hija.”

La iglesia entera estaba llorando.

Incluso los invitados.

Incluso el sacerdote.

Marcos miró a la niña.

Por primera vez realmente la miró.

Y vio algo imposible.

Sus mismos ojos.

Su misma sonrisa.

Su misma forma de mirar.

Entonces comprendió que era verdad.

La abrazó con fuerza.

—¿Dónde está tu mamá?

La niña apenas pudo responder.

—En el Hospital San Gabriel.

Marcos salió corriendo de la iglesia.

Todavía vestido de novio.

La niña corriendo detrás de él.

Condujo como un loco.

Saltándose semáforos.

Rezando.

Llorando.

Llegó al hospital.

Corrió por los pasillos.

Subió al cuarto piso.

Y finalmente encontró la habitación.

Pero cuando abrió la puerta…

La cama estaba vacía.

Marcos sintió que el corazón se rompía.

—No…

Una enfermera lo miró en silencio.

—Llegó tarde.

Las piernas dejaron de sostenerlo.

La niña comenzó a llorar.

Pero entonces la enfermera añadió algo inesperado.

—Se fue hace una hora.

Marcos levantó lentamente la mirada.

—¿Se fue?

—Sí.

La enfermera le entregó una hoja doblada.

—Dijo que si usted llegaba… le diera esto.

Marcos abrió la nota con manos temblorosas.

Y leyó una sola frase:

“Si realmente quieres encontrarnos, ven al lugar donde comenzó nuestra historia.”

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