Marina estaba sentada sola en una cafetería pequeña del centro de la ciudad. Era uno de esos lugares donde el tiempo parece moverse más lento, donde nadie presta demasiada atención a los demás. Ella solo quería terminar su café y revisar su teléfono antes de volver a casa.

Entonces lo vio.
Un chico se acercó a su mesa. No parecía nervioso ni agresivo, solo confundido, como si no entendiera muy bien por qué estaba allí.
La miró unos segundos, como intentando recordar algo.
Marina levantó la vista, un poco incómoda.
El chico sacó su teléfono y lo desbloqueó.
En la pantalla había una foto.
Marina frunció el ceño.
Era ella.
Sentada exactamente en esa mesa. Con la misma ropa. El mismo café. La misma expresión… pero la foto no parecía tomada ese día.
El chico habló con calma.
Dijo que había encontrado esa imagen en su galería esa misma mañana. No sabía cómo había llegado ahí. No la había tomado él. No recordaba haber visto a Marina antes… pero la foto estaba en su teléfono como si fuera un recuerdo.
Marina sintió un pequeño escalofrío, pero intentó mantener la calma.
Le pidió ver mejor la imagen.
El chico se la pasó.
La foto tenía un detalle extraño: en el fondo, detrás de Marina, se veía claramente el reflejo de alguien tomando la foto… pero no era el chico.
Ambos se quedaron en silencio.
Marina sintió que algo no encajaba, pero en vez de miedo, sintió curiosidad.
Revisaron juntos más imágenes en el teléfono.
Había otras.
Marina en la calle. Marina entrando a un edificio. Marina sonriendo en un lugar que ella no recordaba haber visitado.
Pero cuanto más miraban, más se hacía evidente algo extraño: las fotos no eran del pasado… sino de momentos que aún no habían ocurrido del todo.
El chico estaba pálido.
Marina respiró hondo.
Y por primera vez, en lugar de asustarse, sonrió levemente.
—Quizás esto no es un error —dijo ella.
Decidieron sentarse otra vez.
Y por unos segundos, todo pareció normal otra vez: la cafetería, el ruido suave, el café caliente.
Hasta que el teléfono del chico vibró.
Un nuevo mensaje apareció en la pantalla.
Era una foto.
Tomada en ese mismo instante.
De los dos sentados juntos… mirándose como si acabaran de entender que su historia acababa de empezar․





